Hace algunos meses murió nuestro perrito. Fueron 15 años que nos acompañó y compartimos camino juntos. Sucedió un día domingo del mes de julio y aunque esa fecha ya suena lejana, su ausencia se ha notado mucho.
Llegó a casa en diciembre de 2010, siendo cachorro todavía. Lo adoptamos en un refugio de animales pensando que era un perro de tamaño pequeño, la sorpresa que nos llevamos al verlo fue enorme, pero ya lo habíamos decidido y no lo cambiaríamos por otro como si se tratase de un objeto. Además, nada mas vernos saltó sobre nosotros con tanto amor y energía que parecía que él también nos estaba esperando para venir con nosotros a casa.
Ese día sábado fuimos juntos a pasear al caer la tarde igual que hicimos en el último tiempo. Esta vez salimos solos él y yo. Caminábamos tranquilos, si tirones, sin ladridos, ni excesivas ganas de corretear a los pájaros. Nos acompañamos durante varias cuadras, recorriendo el mismo paseo familiar de todos estos años. Caminamos en silencio, me acompañaste a hacer fotografías que tenía pendientes para un proyecto con Aitor. Hicimos un paseo más largo, pausado. Recuerdo que saltaste la rejilla que nunca te gustó pisar y que el día anterior jugaste mucho corriendo, saltando, ladrando un poco.
La semana anterior fuimos, por petición de mi hijo, a esa cafetería pet friendly, era nuestra primera vez y queríamos repetir muchas más. Esa tarde llovía suavemente, nos tomamos un chocolate caliente y tú también comías a nuestros pies, en un platillo pequeño con algo de comida especial para ti. Fue nuestra salida especial juntos, la única dentro de una cafetería. Volvimos a casa contentos, riendo y todos mojados.
Tenemos muchas historias, viajes, salidas y aventuras. ¡Como te gustaba chapotear en el agua! Y cuanto te desagradaban los Pug y los Beagles, les ladrabas nada más olerlos. Pero lo que más guardaré en mi corazón es el amor incondicional que nos entregaste, sobre todo a Aitor. Desde que nació lo recibiste como un perrito guardián, lo cuidaste, acompañaste. ¡Cuantos Juegos juntos! Las ocasiones en las que dormíamos todos apretados en la cama y la de veces que te eché de la habitación para que no despertaras a la guagua.
Al día siguiente de que murieras pasaron cosas lindas y únicas: el jade dio flores, nunca las había dado en todos estos años. Pequeñas flores blancas como estrellas de puntas alargadas te despidieron y permanecieron durante varias semanas. Lo mismo ocurrió con el geranio de color coral; dio las primeras flores de la temporada.
Nuestro perrito director ha fallecido. Siempre generoso hasta el final, nos esperó para poder despedirnos de él todos juntos en familia. Siempre pensé que faltaba mucho para que llegara este día y me equivoqué. Mis ganas de tenerlo siempre cerca eran más grande. Te extrañamos tanto.
Quince años juntos, entregándonos amor a raudales, infinitos juegos, también muchos gruñidos. Nuestro perrito hermoso, ahora eres una estrella en el firmamento que ilumina nuestros corazones y estoy segura de que nos sigues cuidando. Nosotros te seguimos amando y recordando.
Todavía no retiramos tu cama ni tu bol para el agua ni el de la comida. Tenemos los sacos de comida aún guardados en la despensa y quedan dos o tres galletas en tu tarrito. Nos tapizamos el WhatsApp de fotografías de todos estos años juntos en familia y de vez en cuando regresamos a la cafetería pet friendly en tu honor.
Estoy muy agradecida de ti, de tu compañía y amor. Desde que regresamos al país nos acompañaste y nos viste pasar aventuras, dolores, penas y máximas alegrías. Solo me queda agradecer los momentos más significativos para mí, que puedo resumir en estos tres: tu compañía durante el puerperio y sus largas horas amamantando, la segunda, es la preciosa compañía que le diste a mi marido en su convalecencia y sus horas de dolor, y por último, todo el inmenso amor compartido en cada uno de los juegos con mi hijo.
Te recuerdo siempre con amor, gratitud y también con mucha alegría. Gracias Perrito guardián, protector y director.
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